Buenos Aires está entre las ciudades con mayores índices de creación de empresas según una medición que incluye a 42 países. Factores culturales y las sucesivas crisis impulsan la tendencia.

Para buena parte de los porteños, el sueño de la independencia pasa por contar con su propio negocio y no depender de jefes. Según datos del Gobierno de la Ciudad, Buenos Aires se ubica séptima en el ranking de ciudades con mayor tasa de emprendedores por habitantes. El primer puesto del ranking es para Bangkok, la capital de Tailandia (ver infografía).

“Buenos Aires se destaca a nivel global porque es una de las diez ciudades con mayor actividad emprendedora, por encima de París, Madrid, Barcelona, Amsterdam y Nueva York”, señala el ministro de Desarrollo Económico porteño, Francisco Cabrera. El dato surge del relevamiento que realiza anualmente el Global Entrepreneurship Monitor (GEM) en 42 países.

Cabrera puntualiza que, anualmente, 13.000 firmas se incorporan al esquema productivo formal de la ciudad. El grueso se concentra en servicios (64%), seguido por comercio (26%) e industria (10%).

“Argentina, y Buenos Aires particularmente, se encuentran en el tercio del ranking con mayor tasa de actividad emprendedora de todos los países del GEM”, dice Silvia Torres Carbonell, directora del centro de Emprendedores del IAE, la entidad que realiza el relevamiento en la Argentina.

Las alzas y bajas en la tasas de generación de nuevos emprendimientos funcionan como predictores de lo que ocurrirá con la actividad económica en general. “El juego de entrada y salida de firmas del mercado es positivo en los ciclos expansivos y negativo en las etapas contractivas”, asegura.

Para Cabrera, la alta tasa de emprendedorismo porteño tiene dos razones. La primera se relaciona con las crisis económicas cíclicas que enfrenta el país. “Mucha gente se queda sin trabajo y por necesidad decide empezar su propia empresa”. A esto se suma un tema cultural. “Tiene que ver con las características de nuestra inmigración. Los hijos y nietos de quienes llegaron a nuestro país heredaron un oficio y se acostumbraron a generar su propia salida laboral”.

También señala que en las nuevas generaciones hay un cambio de paradigma. “Hasta hace unos años, el deseo mayor de un universitario era trabajar toda su vida en una gran empresa. Ahora, los jóvenes piensan en tener su propia compañía y ser sus propios patrones”.

Carbonell también menciona que el desarrollo de emprendimientos en el país es alto “porque existen nichos de mercado sin explotar. La demanda es dinámica y está lista para aceptar nuevos servicios y productos innovadores”.

Con la crisis “aumentó el número de emprendedores por necesidad. Eso ha ocurrido después de la crisis del 2001 y ocurrió nuevamente en el 2008 y 2009”, señala Carbonell. En cambio, en las épocas de expansión se multiplican los proyectos impulsados por las oportunidades de llevar adelante negocios con potencial. En Buenos Aires se destacan los emprendimientos vinculados a la tecnología, el diseño y las artes visuales.

Las estadísticas marcan que sólo la mitad de las ideas llega a buen puerto. “La tasa de sobrevida es en general no mayor al 50% después del primer año de vida y entre el 10 y el 20% al tercer año”, dice Carbonell.

En esto tiene mucho peso el contexto económico. Según el GEM 2009, la política del Gobierno nacional es el aspecto reconocido por los expertos como la principal debilidad, seguida por los mercados financieros y la dificultad para acceder al capital.

Del lado positivo, la especialista destaca que se haya generado un ecosistema emprendedor en Buenos Aires “formado por instituciones académicas, ONG, fondos de capital de riesgo y el Gobierno porteño, que están trabajando coordinadamente”.

De ahí en más, las políticas oficiales “deberían orientarse a definir los sectores estratégicos en los que el país cuenta con ventajas competitivas y fomentar su crecimiento, dando un trato regulatorio especial a nuevas empresas y eliminando regulaciones burocráticas”.

Desde el Gobierno de la Ciudad promueven varias iniciativas. En 2009, más de 5.000 emprendedores participaron de programas de fomento, asistencia técnica y financiera. Y recibieron ayudas no reembolsables por $2,4 millones.

Además, ofrecen una línea de crédito con una tasa de interés de entre el 7 y el 11% y montos de hasta $24.000, desarrollada de manera conjunta entre el Ministerio de Desarrollo Económico y el Banco Ciudad.

Otra de las ayudas viene a través del Centro de Orientación al Emprendedor (COE), un ámbito físico y virtual al que los ciudadanos porteños pueden recurrir para recibir asistencia, orientación y apoyo técnico en el desarrollo de sus proyectos.

fuente: Anabella Quiroga (Clarín)