Christopher Paul Gardner es un millonario emprendedor, filántropo y orador motivacional, célebre porque su vida inspiró la película “En busca de la felicidad”, protagonizada por Will Smith. La fascinante historia de Christopher Gardner no solo sirvió para llevarla a la gran pantalla, sino también como ejemplo a seguir por toda la sociedad.

Christopher Gardner es el segundo hijo de una familia de cuatro hermanos (resultado de tres matrimonios diferentes), de niño fue abandonado por su padre biológico, posteriormente sufrió constantes maltratos físicos por parte de su violento padrastro alcohólico, convirtiendo su infancia en una dolorosa experiencia donde el miedo era la constante familiar. Su madre Betty Jean, aparte de sufrir también continuas palizas, fue denunciada por su marido y encarcelada por fraude a la Seguridad Social (HSS), al recibir ayudas del estado mientras trabajaba. Durante la estancia de Betty en prisión, Chris y sus hermanos fueron trasladados a hogares de acogida. Cuando Chris cumplió 8 años de edad, su madre fue ingresada nuevamente en prisión, acusada esta vez de intento de homicidio, al pretender quemar la casa donde vivían, con su marido dentro.

Al terminar el instituto siendo adolescente, ingresó al cuerpo médico de la Marina de los EEUU, donde conoció al distinguido cardiólogo Dr. Robert Ellis, quien le ofreció trabajo como asistente en Investigaciones clínicas en el centro médico de la Universidad de California (UCLA) y en el Hospital de Veteranos de San Francisco (VA Medical Center), allí aprendió como se gestiona un laboratorio, cómo trabajar con distintos métodos quirúrgicos y se convirtió además en el co-autor de varias publicaciones médicas de éxito. Chris nunca  estudió medicina porque consideraba que al ser una carrera de casi 10 años de duración, una vez quisiera ejercer como médico, la medicina habría evolucionado aún más, por lo que necesitaría seguir estudiando, lo que lo obligó a considerar otras opciones de futuro más lucrativas, conociendo durante este tiempo a la madre de su primer hijo.

Chris, con muchos problemas económicos pero muy ilusionado a la vez con el nacimiento de su hijo, decidió buscar otro empleo para poder mantener a su familia, decisión que lo obligó a abandonar su trabajo como asistente de investigaciones, dedicándose finalmente a la venta de  equipos médicos, todo esto gracias a su experiencia como asistente. Su vida le cambiaría repentinamente cuando un día, después de cerrar una venta observó en la calle a un hombre de traje bajarse de un Ferrari, Chris decidió acercársele y decirle: “Disculpe, ¿cómo se gana la vida?” y éste le respondió: “soy agente de bolsa”, respuesta que iluminó su destino y fue cuando supo a qué quería dedicarse.

Sin estudios universitarios, pero fascinado con el atractivo mundo de las finanzas, decidió emprender en este campo como fuese, con un claro objetivo, cumplir su sueño, comenzó cancelando sus citas con médicos para vender equipos, organizó múltiples reuniones con directivos del sector, con el fin de obtener alguna beca para formarse como agente de bolsa, y mientras Chris  se empeñaba en convertirse en agente de bolsa, su situación económica era cada vez peor desembocando en continuas discusiones con su esposa, ya que entre las reuniones con empresas y su trabajo como vendedor, no recaudaba lo suficiente para cubrir los gastos mínimos familiares. Irónicamente cuando por fin logró conseguir una primera entrevista en la empresa de valores Dean Witter Reynolds, fue arrestado por no haber pagado 1.200 dólares en multas de tráfico, pasando posteriormente 10 días entre rejas.

Al salir de la cárcel y llegar a casa, Chris se encuentra con una dolorosa sorpresa, su mujer lo había abandonado llevándose consigo a su hijo y todas las pertenencias familiares, incluyendo sus trajes y zapatos. Otra vez y sin motivo alguno la vida se había puesto en su contra, y se encontraba en una casa vacía, solo, hambriento y sin dinero, lo único que tenia era la ropa que llevaba puesta, la misma con la que pasó 10 días seguidos en la cárcel. Aún así, Chris decidió no hundirse y se presentó a la entrevista que tenía pactada en Dean Witter Reynolds, acertando con la estrategia que había planteado desarrollar en la entrevista, y logrando con esto ganarse un puesto como aprendiz de bolsa en la empresa, al menos por un momento, la vida por fin le sonreía. Lo dejó todo y se dedicó exclusivamente a sus estudios, hasta tal punto que terminó viviendo en un albergue con drogadictos, desempleados desesperados e indigentes. Al cabo de un tiempo, reapareció su mujer, no con la intención de volver sino para dejarle a su hijo en custodia, y aunque donde vivía no podía tener niños, decidió aceptarlo y seguir adelante con su sueño. Gardner nunca abandonaría a su hijo como hizo su padre con él, y en ese momento solo recordaba una frase que él mismo repetía desde la infancia:

“Solo puedes depender de ti mismo, la caballería no vendrá a rescatarte”

Como aprendiz de bolsa siempre era el primero en llegar y el último en salir, trabajaba duro y realizaba al día casi 200 llamadas para captar nuevos clientes, aun así el destino le daría otro revés, ya que como aprendiz ganaba muy poco y terminó viviendo en la calle junto con su hijo de 14 meses, durmiendo muchas noches en parques, baños públicos, albergues y cuando había suerte en la oficina donde trabajaba, durmiendo con su hijo escondido debajo de las mesas. El poco dinero que podía recaudar incluyendo además el que le regalaban las prostitutas que lo veían ir y venir con su hijo, lo dividía entre pañales, comida y una pequeña guardería, que curiosamente se llamaba “Felycidad”, con `Y´, donde cuidaban de su hijo al menos por unas horas al día.

Así pasaría casi un año, pero al final logró obtener un puesto a tiempo completo en la compañía Bear Steams & Company, tras pasar al primer intento, un riguroso examen que se realiza a los aspirantes a Agente de Bolsa y siendo además el mejor de todos los candidatos de Dean Witter Reynolds. Cinco años después, Chris creó su propia empresa, Gardner Rich & Co, en el mismo apartamento donde vivía, con un capital de 10.000 dólares y con tan solo una mesa (la misma que utilizaba para sus comidas familiares), empresa que se dedicaba a la gestión de deudas institucionales y planes de pensión públicas.

En 2006, gracias a un favorable acuerdo vendió su empresa por varios millones de dólares y aunque hoy es multimillonario, Gardner nunca olvida lo vivido, dedicándose en la actualidad a impartir conferencias motivacionales y ayudar a personas con bajos recursos económicos, como también a organizaciones de caridad, donando ropa, zapatos y realizando obras benéficas, como la creación de proyectos para la construcción de casas de baja renta en San Francisco. En una de sus oficinas, ofrece asesoramiento, orientación y vacantes de empleo a personas sin empleo y/o sin hogar. Además, está gestionando un proyecto en el sur de África con la intención de realizar una gran inversión cuyo fin es la creación de nuevo empleo.

Curiosamente, Chris emulando a aquel hombre que vio en la calle bajándose de un Ferrari, se compró un Ferrari negro que perteneció a Michael Jordán, personalizando la matricula con “NOT MJ”, -No soy  Michael Jordán-.

autores: Oscar Gravini / Jonathan Gravini