Christian R. Fabre es un empresario diferente. Instalado en la India desde hace más de treinta años, adonde llegó en 1971 para trabajar con un exportador franco-belga de cueros semi-terminados. Pero las desgracias comenzaron a sucederse. Primero el gobierno local prohibió la exportación de esos productos y Fabre perdió su empleo. Luego su esposa le pidió el divorcio y se vue de la India llevando consigo a su hijito de pocos años.

Destruido, abatido y deprimido, se refugió en el hinduismo y el yoga. Un leproso, que parecía contento aun después de haber perdido los dedos de pies y manos, se convirtió en el gurú de su felicidad futura.

Aquel gurú lo instó a volver a trabajar en lo suyo y así fue como Fabre montó una empresa exportación de indumentaria que poco más tarde – ya en compañía de dos socios – se convirtió en la actual Fashions International.

Fashions International provee de ropa y artículos de tapicería a marcas europeas y estadounidenses como Kenzo, Lee Cooper, Catimini y Haggar y a minoristas como Jules y Camaïeu Femme. Las prendas de vestir se fabrican en distintos lugares de la India, donde empleados de Fashions International supervisan producción, calidad y plazos de entrega.

Fabre, que se desempeña como director ejecutivo de la empresa, viste la túnica color azafrán de un sacerdote hindú, con cuentas de colores alrededor del cuello y pinta su frente con ceniza y vermellón. Durante sus viajes de negocios a Europa se hace llamar Swami Pranavananda Brahmendra Avadhuta y provoca estupor con sus ascéticas ropas en los salones más elegantes de París. "Los potenciales clientes se chockean al verme pero cuando comienzo a hablar, descubren que hablo su lenguaje", señaló Fabre al New York Times.

Al frente de una compañía cuyas ganancias crecen a más de 25% al año, Fabre cobra un sueldo de US$ 200. Convertido totalmente al hinduismo, considera que la ropa sólo sirve para cubrir el cuerpo y el dinero sólo para sobrevivir. Sus empleados, en cambio, ganan porcentajes variables sobre el ingreso de la compañía, pero no se sabe cuánto es eso porque Fabre se niega a revelar las cifras de ingresos y ganancias, aunque se sabe que la compañía exporta más 3,5 millones de prendas por año.

Su vida oscila entre dos mundos. A la vez que ofrece servicios médicos y espirituales a la población de Madrás, atiende los asuntos comerciales por Internet. El sitio, abierto a todo el mundo y con foro de discusión, es un ámbito donde se discute desde la paz interior hasta la cotización del dólar.

La forma en que maneja su negocio es también muy especial. Ni él ni sus dos socios, A. Jayapalan y Shaana Tiruchelvam, tienen contrato escrito con la compañía. Tampoco lo tiene su asistente personal, Pinky Lahiri, ni ninguno de los 80 empleados. Él lo explica así: "Para un sanyasi (renunciante) como yo, los contratos son redundantes"

Fabre, dicho sea de paso, nunca echó ningún empleado. Cada diez días de trabajo, se retira por dos semanas a su ashram ubicado en Kolli Hills, al sudoeste de Chennai, en donde Fabre medita e, Internet mediante, chatea con sus seguidores.

Interrogado por la prensa sobre la paradoja entre elección de su negocio – la venta de ropa de marca – y su creencia sobre el ascetismo en el vestir,  contesta impávido: “Íntimamente yo creo que la ropa define quién es usted y el estatus social al que pertenece. Y creo que en ese sentido lo que yo hago es muy útil a mucha gente”.

fuente: New York Times y Mercado


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