En el primer aniversario de su muerte, reunimos a las voces más destacadas de la industria para recordar a Steve Jobs, el hombre que cambió la cultura popular para siempre. Tom Peters, Guy Kawasaki, Tamara Erickson y Kevin Roberts son algunos de los expertos que hablan acerca de su temido carácter, su capacidad innovadora y su modelo de liderazgo.

Se dicen muchas cosas del hombre que cambió la cultura popular para siempre, pero su esencia sigue intacta.

A un año de la muerte de Steve Jobs, recopilamos críticas, elogios, reflexiones y anécdotas poco difundidas acerca de quien creó la compañía más valiosa de la historia. Compañeros de trabajo, especialistas en liderazgo y jóvenes emprendedores, herederos de su estirpe innovadora,toman la palabra.

Tom Peters, gurú de management.

“Viví en Silicon Valley y trabajé con Steve Jobs en los comienzos de Apple. Y lo primero que debo decir es: usted no es Steve Jobs. Era único. Podemos aprender algunas cosas de él, pero preguntarnos qué, es como plantearse qué es posible aprender de la Madre Teresa. Y mi respuesta es: que no somos ella. Jobs creó cosas extraordinarias, pero lo recordamos por sus logros de los últimos cinco o 10 años. Las Apple I y II fueron excelentes para los estándares de la época, pero no llegaron al 2 por ciento de participación de mercado, y nadie declararía feriado nacional por su muerte debido a esos productos. Fueron el iPod y el iPad los que lo volvieron popular. Ahora bien, ¿fue un buen líder? Su determinación inquebrantable —lo que un psiquiatra denominaría trastorno obsesivo-compulsivo— por crear excelentes productos es un rasgo increíble. Y ciertamente cuidaba a las personas de su equipo cercano. Pero no trataba bien a la mayoría de la gente. No fue un gran líder porque, ¿a quién le importa un excelente producto si las personas no son tenidas en cuenta? Eso no funciona”.

Tamara Erickson, experta en fuerza laboral y autora de Work-force Crisis y PluggedIn.

“Steve Jobs era un boomer y lideró como tal. Era un hombre de opiniones fuertes y quería que las cosas se hicieran como las imaginaba, algo muy típico de esa generación. A los boomers les gusta ganar, les gusta que sus opiniones sean aceptadas a rajatabla por los demás. Este estilo funciona muy bien cuando el líder tiene una mente brillante, pero las personas que insisten en que se respeten sus formas sin ser tan brillantes como Jobs suelen obtener resultados desastrosos”.

Kevin Roberts, CEO de Saatchi & Saatchi.

“No se puede aprender mucho de Steve Jobs en términos de marketing. Se resistía a incursionar en la industria minorista, rechazó el comercial ‘1984’ y quiso cancelarlo el día anterior a su lanzamiento. Creo que se puede aprender de su increíble poder de anticipación, de su visión. Y, sobre todo, de su capacidad para reformular la presencia en ausencia. Tomó la iMac y le sacó la disquetera, el disco rígido, el mouse, y nos dio el iPad. Y fíjese en lo que hizo con la música: sacó del medio a los sellos discográficos, a los CDs y nos dio este pequeño dispositivo, el iPod, el cual vende a precio premium. Es una excelente lección de liderazgo: la habilidad de reformular una cosa cara, no sustentable y grande, en algo pequeño, mínimo, que hará del mundo un lugar mejor, y cobrarlo a precio caro. La mayor lección que aprendí de Jobs fue: reformular”.

Guy Kawasaki, ex empleado de Apple, fundador de Garage.com e inversor ángel.

“Trabajé en Apple dos veces en mi vida. De 1983 a 1987 fui Evangelista de Software; mi tarea era convencer a las empresas de que escribieran software para la Macintosh. Dejé Apple para empezar mi propia compañía y volví en 1995 como evangelista en jefe y Apple fellow. No era fácil trabajar para Jobs pero, por otro lado, fue uno de los dos grandes visionarios en el mundo de los negocios. El otro fue Walt Disney. Cuando uno trabaja con alguien de semejante calibre es más tolerante. Jobs me desafiaba a hacer cosas a las que nunca me hubiese atrevido. Fue una experiencia extraordinaria, y aprendí tres grandes lecciones: primero, contratar a jugadores excelentes. Esto quiere decir: si usted es una buena persona y un buen gerente, contrate gente mejor que usted. La segunda lección fue la importancia del diseño. La tercera, que es necesario creer para ver. La mayoría de la gente lo dice a la inversa: que hay que ver para creer. Con Steve, uno tenía que creer en la Macintosh para verla, tenía que creer en un iPod para poder verlo, lo mismo con el iPhone y el iPad. Si la gente no hubiese creído, esos productos no se habrían hecho realidad. Se necesita evangelizar para triunfar”.

George Kohlrieser, profesor de Liderazgo en IMD.

“Era un líder muy complejo. Por un lado, no se llevaba bien con la gente; por el otro, era un visionario increíble. En una empresa normal, no hubiese funcionado como líder, por su imposibilidad de crear una profunda conexión personal, que es una de las bases del liderazgo. Sin embargo, tenía un interés tan profundo en todo lo que creaba, que su compromiso era del 100 por ciento. Y ese compromiso es una cualidad del liderazgo de la cual muchas personas carecen”.

Linda Rottenberg, cofundadora y CEO de Endeavor.

“Steve Jobs en su garaje representa la quintaesencia del sueño americano. Pero también otras cosas. Como el perfeccionismo. Los emprendedores deben ser irritantemente perfeccionistas. El segundo punto es el foco. Mientras Sony creó cientos de productos que casi nadie recuerda, Steve Jobs se concentró en cuatro excelentes. En dos colores: blanco y negro, punto. Cada vez son más las personas con ideas emprendedoras que tienen en cuenta la estética y la experiencia del usuario en el diseño”.

Mohanbir Sawhney, director del Centro de Investigación en Tecnología e Innovación de la Kellogg School of Management.

“Jobs fue famoso por jactarse de que no hacía investigaciones de mercado ni hablaba con los clientes sino que confiaba en el producto. Su don, y el de su equipo cercano, eran la intuición y comprensión de la experiencia que querían crear. Empezaban con una visión muy clara; por ejemplo, con el iPod, el concepto era: miles de canciones en el bolsillo del cliente. Miles de canciones implicaban que eran digitales y, en el bolsillo, que era un dispositivo personal. El siguiente paso era llevar ese concepto a la realidad y, por supuesto, no salía al mercado hasta que estuviera listo y en condiciones de producirse a escala masiva. Otra lección que aprendimos de él fue el manejo del arte y la tecnología. Llevó el arte a los productos: la estética, la importancia de la interfaz del usuario, del diseño industrial, el diseño y el control de la experiencia del usuario, desde la interacción con el producto hasta la comunicación de marketing. Sin embargo, su lección más relevante es el poder del foco y la simplicidad. A menudo asociamos la tecnología con lo avanzado y complejo; queremos más productos con más funciones. Pero Jobs nos enseñó que lo simple es lo más sofisticado. Y que el diseño y el diseño industrial importan también en el contexto de la experiencia del usuario. Estas son todas lecciones que atesoro. Claro, también fue una persona muy dura en todo el proceso de creación, una persona sin piedad. Y eso es quizá la lección que no querremos aprender”.

Viviana Alonso
WOBI


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