Guillermo Gladstone y Benjamín Disraeli eran dos de los rivales políticos más feroces del siglo XIX. Sus épicas batallas por conseguir la protección del Imperio Británico fueron de un rencor tan intenso que logro que se traslade de la arena pública a sus vidas personales. Ambiciosos, poderosos y de gran astucia política, ambos fueron reconocidos por ser hombres de gran espíritu y políticos de gran habilidad.

Si bien cada uno de estos hombres alcanzó impresionantes logros para Gran Bretaña, la característica que los separó como líderes fue su “llegada” a la gente o sus escalas personales de afinidad popular. La diferencia de apreciación de las distintas personalidades ha sido efectivamente ilustrada  por una joven mujer, la que supo compartir dos comidas con ambos, de manera separada y en dos noches consecutivas. Una vez que fuera inquirida por las características de estos estadistas antagónicos, dijo: “Cuando salí del comedor después de haber estado sentada al lado del Sr. Gladstone, pensé que él era el hombre más listo de Inglaterra. Pero después de sentarme al lado de Sr. Disraeli, pensé que era la mujer más lista de Inglaterra”.

Lo que distinguía a Disraeli de Gladstone era el carisma. Disraeli poseía un espíritu que forjaba una personalidad muy atractiva, el que provocaba el agrado y el favor de la gente, ubicando su liderazgo por encima del de su adversario, pues Gladstone carecía de ese don de aceptación sensible. La gracia de Disraeli atraía amigos creando impresiones favorables entre sus conocidos. A través de su carrera, el carisma de Disraeli le dio un “plus” sobre Gladstone.

ENTENDIENDO AL CARISMA

De todos los atributos del liderazgo, el carisma es quizás el menos sabio de todos. En una primera instancia, el carisma parece ser una energía o un magnetismo invisible. No se niega su presencia, pero es inaccesible discernir su fuente. Algunos creen equivocadamente que el carisma es una parte de la génesis del hombre – cualidades inherentes a ciertas personalidades, pero totalmente ausentes en otras.

Creo que el carisma es explicable y enseñable. También creo que el carisma es de alto impacto en la influencia de un líder:

LAS CUALIDADES DE UN LÍDER CARISMÁTICO

Se define el carisma como, “la capacidad de inspirar entusiasmo, interés, o afecto en otros por medio de la gracia, la sensibilidad y la influencia personal.” Líderes que tienen esta habilidad especial comparten estas 4 (cuatro) cosas:

1) Aman la Vida: Los líderes que atraen la ambición externa de ser seguidos son apasionados por la vida. Celebran, no son quejosos. Se caracterizan por la alegría y el afecto. Son enérgicos y radiantes de una manera muy influenciable. Observe tan solo una sonrisa para ilustrar el favor del carisma. Cuando la gente ve una sonrisa, responde con una sonrisa. Si usted es escéptico, inténtelo. Sonríale en los cajeros, los camareros, los compañeros de trabajo, etc.

Usted encontrará que su sonrisa obtiene mayor reciprocidad. Nuestra alma se constituyó ancestralmente reacia a apoyarnos en los dones de las personas en nuestro alrededor. Los líderes que tienen carisma aman la vida y atraen vidas.

2) Valoran el Potencial de la Gente: Si se quiere llegar a ser un líder atractivo y carismático, espere lo mejor de su gente. Describo este comportamiento como “calificando con un “10” a cada uno”. Los líderes ven a la gente, no como son, sino como podrían ser. Desde esta ventajosa perspectiva, ayudan a otros a construir un puente entre el presente y el futuro deseado.

Benjamín Disraeli entendía y practicó este concepto, constituyéndolo como el fundamento de su carisma. Él supo decir, “el más grande bien que usted pueda realizar por otro, no es compartir sus riquezas de carácter, sino revelarle las suyas.” Cuando usted invierte en la gente y la conduce a su potencial, esa misma gente lo amará por lo hecho en sus vidas.

3) Generan Esperanza: La gente tiene un incentivo o deseo interno de mejorar su futuro y sus fortalezas. Los líderes carismáticos se conectan con la gente pintando un mañana más brillante que el hoy. Para ellos, el futuro está lleno de oportunidades asombrosas y de sueños por realizar.

Napoleón Bonaparte una vez dijo, “los líderes son promulgadores de esperanza”. Infunden optimismo en la cultura circundante y elevan la moral. Mientras que están atentos a la realidad actual, no desmayan renunciando a la circunstancia actual.

4) Comparten sus Dones: Los líderes con carisma otorgan valor agregado a la gente compartiendo la sabiduría, el carácter. Abrazan el poder de la inclusión, invitando a otros a que recorran el camino de alimentarse de nuevas experiencias, participar de reuniones de análisis racional o “brainstoming”, o simplemente comparten una taza de café. Semejantes líderes alcanzan un espíritu de cuerpo, valorizando de tal forma la formación de un equipo. Consecuentemente, los líderes carismáticos no están solos en la cima.

Cuando se trata de carisma, el nudo de la cuestión es pensar según la perspectiva ajena. Conforme a ello, la satisfacción del líder se halla en el servir. Encuentran gran placer celebrando el éxito ajeno, y la victoria que más disfruta es la victoria de equipo.

RESUMEN

A manera de conclusión, el carisma tiene sustancia. No es un don manipulable o un encanto mágico depositado en personas elegidas. Podría llegar a definirse como “la fusión de matices de un carácter capaz de ser aprendidos y aprehendidos”.

Más aún, el carisma compone la influencia de un líder. Sin él, los líderes tienen problemas en inspirarse con pasión y animar a sus equipos en confianza y fortaleza. Con él, los líderes perfilan en el entorno lo mejor de su gente, dan lo mejor de sí mismos, y encuentran el discernimiento del logro más trascendental: El logro compartido.

John Maxwell. Uno de los gurúes sobre liderazgo más influyentes del mundo