¿Podría estar el nuevo Mark Zuckerberg sentado en una prisión de California? Al menos eso es lo que esperan los participantes de una iniciativa pionera en la prisión de San Quentin, en Estados Unidos.

En este conocido centro penitenciario funciona un programa conocido como Last Mile, dirigido a educar a los reclusos en redes sociales, tecnología y convertirlos en emprendedores del sector.

Cada uno debe desarrollar una idea de negocio que combine tecnología con una buena causa, y presentarla a una mesa de directivos y ejecutivos de Silicon Valley.

¿El gancho? Poder usar internet, algo que muchos de ellos jamás han podido hacer.

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