Hay dos formas de motivar, motivar a los demás y motivarse a uno mismo. El emprendedor es el mejor ejemplo de persona automotivada y que tiene  la habilidad de darle forma a las ideas

Bernard Shaw decía que no le importaba de dónde vinieran las ideas siempre que no fueran de sí mismo. La memoria trae viejas soluciones y lo nuevo se hace invisible por  el color del cristal con que se mira. Muchas veces motivación es producida por otra persona. Jennifer la hija de Edwin Land preguntó a su padre por qué  tenía que esperar tanto para ver las fotos que sacaba. Land se motivó y en 1947 inventó  la cámara instantánea Polaroid, incorporando el proceso de revelado en la misma película.

La motivación es un tema recurrente en los equipos deportivos y empresas. Habitualmente se contratan estrellas del deporte para que cuenten experiencias  y aconsejen.  Guardiola, el director técnico del Barcelona, el mejor equipo de fútbol del mundo, recurre a la vida misma. Hace poco los jugadores vieron el film Gladiator donde Máximo, General de las Legiones Romanas,  querido por todos, incluso por Marco Aurelio, que antes de morir lo elige a como sucesor dejando de lado a su propio hijo, Cómodo. Cómodo movido por el odio condena a él y su familia a muerte. Máximo intenta salvarlos pero llega tarde, Cómodo se le ha adelantado. Máximo volverá a Roma como gladiador en busca de venganza.

La película evoca la caída del imperio romano. Guardiola no ve al fútbol separado de la realidad. Fútbol, solidaridad y empresa  pueden descubrir conexiones ocultas que movilizan cambios. Hace poco utilizó el accidente de un alpinista para inscribir en el espíritu del equipo la actitud solidaria. Guardiola transgrede la lógica del entrenador del pizarrón y la tiza y demuestra que la solidaridad es una actitud básica del trabajo en equipo. Empresas y equipos asumen la lógica de que lo humano fuera del gruopo le es ajeno. La bibliografía del especialista lo convierte en un incompetente social, eso sí, altamente calificado.

El peor enemigo de la motivación. La  persona menos motivada es la que marcha a la deriva. El que  se  dirige a alguna parte  se energiza, el que no va para ningún lado se detiene. El primer paso  es descubrir en nosotros mismos el mensaje socrático: “Conócete a ti mismo”. Sin saber quienes somos nos dirigen desde afuera, corremos  sin saber para qué, preguntándonos quién o qué podría motivarnos.

Había un  actor muy exitoso que sufría de  una profunda tristeza. Se decidió a ver un médico para pedirle un diagnóstico y una receta. Después de fracasar con varios tratamientos el médico recordó a otro artista que hacía milagros con la gente a la que contagiaba de un pensamiento positivo que les cambiaba la vida. Sacó de su agenda una tarjeta y le dijo: visita al mejor  cómico del mundo, se llama Garrid. Pero  el actor hizo una mueca de dolor y respondió: Doctor cambie ya mismo su receta: “Yo soy Garrid”.

La motivación es el motivo de la acción.  Ya sea porque algo nos atraiga o nos asuste, ese algo motiva nuestra conducta. Por eso los expertos aconsejan seguir ciertos pasos preliminares:

Analizar seriamente el objetivo.  ¿Es real o imaginario, estamos capacitados para lograrlo no será quizás un nuevo disfraz por no conocer la causa de nuestra desmotivación?

Cambiar el planteo: Un hombre se acerca a un grupo de tres albañiles que realizan la misma tarea y les pregunta qué están haciendo. El primero dijo que estaba apilando ladrillos, el segundo que estaba haciendo una pared. El tercero, que era el que estaba realmente motivado, contestó con orgullo Estoy construyendo una catedral.  La moraleja es que debemos anclar lo que hacemos a objetivos superiores.

Metas claras y realistas. El objetivo debe estar al alcance intelectual del sujeto, debe querer concretarlo, ser viable y convertible en metas pequeñas que nos acerquen al objetivo.

Los motivadores pueden ser personas o proyectos  que nos impulsan y debemos descubrirlos. También es importante saber cómo nos sentiremos al alcanzarlos conociendo  las recompensas que esperamos obtener al cumplir los objetivos. Esos  motivadores pueden ser dinero, poder, posición, logros , pero el mejor motivador es el sentido de autorrealización, que lo que haremos es lo que amamos..

Desmotivación. Vivimos en sociedades donde nadie está del todo satisfecho con lo que hace, siente una falta de sentido, incompetencia, menor autonomía que genera menos compromiso, falta de horizonte, o que el esfuerzo que deber realizar no se compatibiliza con la meta.

Las causas pueden ser externas: falta de ascensos, de reconocimiento o feedback positivo, de contacto personal, de aceptación a  las iniciativas, monotonía, incongruencias o contradicciones. Las causas internas son la culpa por no dar la imagen óptima, resentirse por falta de reconocimiento, temor a asumir responsabilidades, quejarse por un sentimiento omnipresente de obligación y aburrimiento.

Etapas de la motivación. Alcanzamos un estado de equilibrio hasta que de pronto se genera el estrés positivo o motivación que lleva a encarar una nueva acción, o bien no hacer nada y desmotivarse. La desmotivación puede  surgir por disconformidad en el trabajo, rencor por acciones de nuestros jefes, por esperar que la situación se solucione sola o que el paso del tiempo cambie las cosas, por depresión o falta de interés o por falta de cooperación e iniciativa. La fase final es la  renuncia o hacer lo mínimo.

Cómo remotivarte: Hay formas de salir de las angustias, es recurrir a la voz interior que nos dice si lo que estamos haciendo coincide con nuestra misión. Para sentirse protagonista y responsable de su vida y ser  el jefe de su propia existencia, la perseverancia es imprescindible.

Ver el lado positivo del cambio permite tolerar la frustración actual,  ser proactivo hacia lo que quiere es el principio, anclarse a experiencias positivas refuerza la autoestima,  agendar y cumplir nuevas metas afianza el desafío. Afilar la sierra, capacitarse, sentir que cada día es una oportunidad. El primer día de cambio empieza a hacer de la amenaza una oportunidad. Aprender a convertir el error en una lección, analizar su causa,  pero pensando en el éxito. Escuchar el doble de lo que ser habla, imaginar lo que se sentirá con el resultado. Que el trabajo no sea todo, repasar el  ambiente físico y social que nos rodea y redactar los objetivos: las palabras vuelan y se las lleva el viento.

Enfrentado a las crisis se puede pensar  en lo divertido que será salir de ellas, verse como el espectador de una película, la  gimnasia mental es  recibir los golpes pensando cómo salir adelante.

Algunos se motivan por la negativa, necesitan morder el  polvo de la derrota. La motivación negativa sirve para escapar a vicios que pueden perjudicarnos.

Muchas veces queremos el resultado pero no deseamos hacer lo que deberíamos realizar para lograrlo.. Hay que levantarse temprano para llegar a la cita, queremos la cita pero no levantarnos temprano.

Acercarse a . Hay una motivación positiva que se acerca al objetivo y otra negativa para alejarnos del dolor. “Acercarse a” implica iniciativa, automotivación, ambición, imaginación; acciones muy valoradas en esta sociedad. Pero ojo, a veces se arriesga sin medir los medios. A otros todo les da miedo y pueden usar el temor para limitar los riesgos.  Pero la distancia genera menos motivación y además se puede estar yendo al lugar equivocado. Además antes de huir acumulan estrés.

Esto se puede evitar anticipándose, detectando antes los problemas.  Lo ideal es acercarse primero y alejarse antes de decidir. Tendemos a hacer lo que se nos advierte negativamente. Por eso hay que invertir el orden de la motivación. Hay que aprender a no funcionar como radares sino como brújulas que buscan los valores. Los valores representan lo que buscamos en la vida. Lo muy atractivo tiene sus imágenes. Hay que hacer corresponder las conductas con los valores creando películas muy motivadoras.

Una escuela que no motiva. El problema es la motivación, pero desde los primeros años  la maestra se alarma con el niño curioso y llama a sus padres. Así corta la virtud que hizo genial a Leonardo Da Vinci.

Hay sinergia entre la dispersión que genera las ideas y la concentración que las materializa. El error es tratar como problema del niño una falla de la educación. Csikszentmihalyi detectó el estado de flujo de gran concentración y placer en el que ama lo que hace. El método AIDA: atención, interés, deseo y acción conecta la memoria de corto y largo plazo, evita la operación en piloto automático y genera el efecto laser entre la atención reactiva al suceso, la proactiva al deseo y la flotante a la oportunidad.

El pensamiento light creado por la sociedad de consumo entrega un radar para copiar la moda pero no la brújula para descubrir el genio interno. Empowerment es el poder interior que surge del autoconocimiento. Los métodos enriquecen  y educar es desarrollar su potencial.

Miguel Ángel decía que “el que tiene una misión las persigue con cada nervio, utiliza fieros deseos que le generan un poder divino. Y lo hacen día tras día disfrutando plenamente”.

Llevamos una doble vida, la que querríamos tener y la que tenemos. Al descubrir tu misión sentirás un imán que te hará vibrar, te hará despertar entusiasmado, y lucharás cada día por hacer una obra maestra. Para eso tienes que descubrir la pasión de tu vida.

¿Cuáles son las características de una persona motivada? Hay personas que amanecen con una energía incontenible, otras apenas pueden levantarse. Esa virtud misteriosa es como el poder transformador del viento, invisible pero con efectos materiales y ante el cual hasta las hierbas se inclinan. Si lo real es un río, la persona motivada es la nave que despliega libremente su energía. Más que una cualidad es un estado de ánimo que no necesita ver para creer, porque su fe mueve las montañas. A nadie se le puede prestar la motivación que no posee. No es el optimista que mira el lado positivo de las cosas. No es el lógico que optimiza recursos, ni el conservador que actúa por conveniencia. El individuo motivado es proactivo no se ata a los sucesos. Como la profecía que se autorrealiza, logra lo que anhela porque cree. Su libertad es plena, y la potencia no la da el intelecto, ni el objetivo intencional; sino la fuente que lo nutre, escribe y ejecuta como si se tratara de una novela.

Están los motivados y los que  perdieron la motivación. Son, los que están tristes, pesimistas o les falta el deseo. Su diagnóstico es: “Depresión”. Lo que necesitan es algo que los apasione, un proyecto que no los deje dormir. Ese “alguien” o “algo” que los haga amistosos con la vida y los aleja del triste destino de sólo perdurar.  Durar es postergar el disfrute del regalo que significa la palabra presente. No hay que empeñarse en durar, sino en buscar esa pasión que nos haga protagonistas. No es tan malo morir, al fin y al cabo la muerte nunca se olvida de nadie. Lo trágico, es no animarse a vivir y a ser feliz. Para estar contento y activo, hay que motivarse con la vida.

El motivador no es un ser perfecto. De hecho Roosevelt era fumador y bebedor y tenía una vida familiar irregular, Churchill dormía hasta el medio día, era arrogante, y mal alumno.  Lo importante de un líder es su capacidad de motivar. Haciendo virtudes de sus defectos un día pudieron tomar la decisión clave en un momento difícil. Pasaron noches enteras sin dormir, tuvieron miedo, perdieron la fe y no supieron  qué hacer, se equivocaron y siguieron un camino equivocado. Pero no perdieron la esperanza de llegar a ser lo que anhelaban. Porque siguieron buscando un día encontraron la razón de su vida.

Cerebros distintos. Parece sencillo inducir al otro para que haga lo que queremos. El hábito de pensar por patrones previos adapta la realidad a lo que conoce o cree. Este automatismo es explotado por los políticos para que la gente les responda. Hay que enseñar a desarrollar un pensamiento distinto que desafíe los caminos trillados, variando las acciones se logran resultados diferentes. Muchos cometen el error de querer mejorar haciendo más de lo mismo, se resisten al cambio y conviven con los problemas.

El pensamiento lateral dice que la solución no es hacerlo mejor, sino de otra manera. Las ideas dominantes nos impiden crear nuevas situaciones pues nos marcan el recorrido y deberemos transgredirlas, para alcanzar lo que pretendemos.

Una vez generada la idea nos parece increíble que no hubiéramos pensado antes en ella. El pensamiento lateral es una nueva forma de usar el cerebro, de enfocar situaciones con creatividad sin seguir  patrones lógicos, entrenándolo con una nueva gimnasia para ponerse en forma y avanzar sobre nuevos territorios saliendo de su circulo de comodidad para hacerlo mayor y mejor.

“No pienses en un elefante” es la metáfora de cómo conducir a un cerebro dormido, porque lo primero que hará es pensar en un elefante. Por eso debemos crear cerebros creativos y motivados. Somos gigantes dormidos que utilizamos tan solo el 10% de nuestra capacidad. El verdadero sentido de educar y motivar es desarrollar el potencial que traemos al nacer.

Dr. Horacio Krell. CEO de ILVEM horaciokrell@ilvem.com


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