En 1925 el ayudante de Niels Bohr, Heisenberg, enunció el principio de incertidumbre, según el cual no se puede alcanzar un conocimiento pleno de la realidad. Bohr partió de la dualidad onda-partícula enunciada por Broglie – donde luz y electrones actúan alternativamente como ondas o partículas-. Bohr afirmó que esas propiedades no pueden observarse juntas pero son complementarias. El principio de complementariedad dice que no hay una separación rígida entre objetos e instrumentos de medición. Descubrió este principio de las imágenes que muestran dos figuras distintas según dónde se mire. De su interés por el arte y oriente dedujo que en la vida y en la física coexisten los contrarios. Intuyó que las partículas podían comportarse como ondas y al revés, como pasa entre la luz y los electrones.

En los asuntos humanos es imposible acotar la realidad a una sola perspectiva que la capture en forma integral. La descripción más rica  integra en un todo coherente los aportes individuales y metodológicos.

Palos en la rueda. Los descubrimientos del siglo XX destruyeron la visión mecanicista-determinista de la ciencia. Se había perdido la fe en la religión, ahora se cuestionaban los conceptos básicos de la ciencia El principio de incertidumbre confirmaba que la intuición no podía comprender un universo que seguía siendo impersonal, mientras que el hombre, con su capacidad de concien­cia, seguía  sujeto del  azar. El conoci­miento científico se limitaba a abstracciones,  a sombras de incoherencia  y al relativismo.

La mecánica cuántica confirmó la hipótesis de Kant sobre que la física no era la naturaleza, sino su interpretación humana. Para  Popper la ciencia debe confirmar sus hipótesis. Toda teoría es imperfecta y cualquier experimento puede falsearla. Kuhn sumó la noción de paradigma, como una resistencia al progreso científico que justifica las teorías de una época, enfrentando al ideal Popperiano. Así los científicos filtran  las contradicciones para sostener su autoridad como si fuesen creencias religiosas.  Cuando ya no pueden barrer la basura debajo de la alfombra, una nueva síntesis supera al paradigma, pero la revolución no es racional, depende tanto de datos veraces como de la moda, de factores psicosociales y analogías populares o del envejeci­miento o muerte de científicos conservadores.

Ciencia sin conciencia. La ciencia fue sometida por la presión de los poderes de turno que van desde sus aplicaciones a la guerra hasta el marketing. Desapareció la certeza de la visión cartesiano-newtoniana.

La revolución científica es una oportunidad para el intelecto. Si las partículas subatómicas eran indeterminadas, la libertad  podría resurgir. El princi­pio de complementariedad que gobernaba las partículas y las ondas sugería el ensamble entre distintas formas de conocimien­to. La influencia del sujeto en el objeto observado y la conciencia humana parecían cumplir un papel más decisivo. Los fenómenos complementarios alentaron un pensamiento holístico de las relaciones sociales, morales y religiosas ya que la ciencia sola no podía reflejar la realidad. El espíritu se liberó de absolutos pero se quedó sin fundamentos, ya  no  conoce la esencia de las cosas. Ante la  infinitud de los fenómenos, la ignorancia humana es infinita y  la mejor estrategia es aprender de los errores que siempre se cometen.

El principio de complementariedad señala que la realidad desborda a las explicaciones, el juego intelectual es que nadie conoce la totalidad. Ya no hay más sabios sino espectadores desde una posición tal que determina su punto de vista. La realidad es retransmitida por los medios como si fueran camarógrafos que brindan visiones de izquierda, derecha, centro, cerca, lejos, etc; y que permiten ver la posición de otros generando complementariedad y riqueza, en sinergia con otros puntos de vista.

Cada uno creció con valores, fines, deseos, necesidades y miedos, que forjaron  la posición desde la cual se mira. El diálogo con opiniones distintas aumenta la comprensión ya que la realidad es compleja y la percepción selectiva: “todo se ve según el color del cristal con que se mira”. No se puede  demostrar la verdad de una demostración específica, especialmente sobre factores básicos, biológicos o químicos.

La nueva teoría de la racionalidad enfatiza el carácter complementario de las ciencias experimentales, que manipulan  objetos, con las ciencias humanas que describen el sentido que detectan en la realidad.

El cambio del paradigma científico demanda la unión de  mentes privilegiadas. Los investigadores deben prepararse para cambiar los fundamentos de su conocimiento ante la velocidad de los cambios..

Nielsen Bohr, dijo: “Un tipo de verdad son las afirmaciones simples y claras, donde sus contrarias son equivocadas. Las verdades profundas son afirmaciones cuyas antinomias también contienen verdades profundas”   Así se han conseguido grandes éxitos revelando contradicciones en los fenómenos.

Los polos opuestos se atraen. Hay postulados que brindan nuevos rieles a la Ciencia: toda observación es relativa (Einstein); se hace desde una teoría (Hanson); afecta al fenómeno observado (Heisenberg); no existen hechos, sólo interpretaciones (Nietzsche); están condenadas al significado (Merleau-Ponty); ningún lenguaje define su propia semántica (Tarski); ninguna disciplina demuestra científicamente su propia base (Descartes); ningún sistema matemático prueba sus axiomas (Gödel); jugamos con palabras que usamos según reglas convencionales (Wittgenstein); ¿ qué es la ciencia ? no tiene una respuesta científica (Morin). Estas ideas son la plataforma de un proceso racional con pretensiones científicas.

Gerenciar el cambio. Aplicar la teoría de los juegos y las inteligencias múltiples permite gerenciar el  cambio social apoyándose en el principio de complementariedad. Niels Bohr pensaba en la incapacidad humana para agotar la realidad desde un pensamiento único y aunque parezcan excluyentes los polos opuestos se atraen  cuando se abre la mente para verlos compatibles, conciliables y complementarios.
La hipótesis del bootstrap asume que cada elemento  se define por lo que es y por su red de relaciones, lo que evidencia su complementariedad. El universo es una red de sucesos que se desprenden de propiedades de otras partes y la consistencia global  determina la estructura de la totalidad de la red.

El cambio requiere que el individuo sea el centro, que aprenda a gestionarse a si mismo por cuenta propia, a situarse donde pueda contribuir, alerta a los cambios y comprometido con su organización.

Así el cambio será impulsado creativamente. El hombre reinventa formas de organización según los cambios del entorno. Organizaciones inteligentes confrontan al enfoque mecanicista, cuya imagen de lo real se expresa en un lenguaje defensivo, en reglas fijas que ocultan la fragilidad de un mundo fundado en estructuras de dominación que no aceptan las diferencias ni los desacuerdos, salvo cuando creen que pueden controlarlo y se apropian del derecho de decidir lo que es legitimo y verdadero..
El nuevo juego es el de ganar-ganar. Allí el desorden y el caos son la fuente de una nueva estructura que se estaría rehaciendo constantemente. Las relaciones personales y sociales son fuentes de vínculos,  participación y compromiso; compatibles con el cambio interno de la organización. Cuando Einstein repetía la frase: “Dios no juega a los dados” ante la incertidumbre que le provocaban las nuevas teorías, Bohr que era su amigo, se cansó y le contestó: “No le digas a Dios qué hacer con sus dados”
Ilya Prigogine sugiere que el universo es provocativo y creador. Como la verdad cambia con los tiempos y como dijo Freud “la herejía de una época es la ortodoxia de la otra”, lo que nos queda, como individuos libres es ser creativos  e innovadores, los inventores de nuestro propio futuro. Para eso la educación debe enseñar de otra manera. Como dijo Niels Bohr  sus profesores le enseñaron a pensar.

El  Dr. Horacio Krell, es Director Fundador de ILVEM horaciokrell@ilvem.com


Notas relacionadas:

  1. El principio de la incertidumbre
  2. Charles Handy: El principio de la rosquilla