Aclaración al lector: este artículo nunca podría haber sido escrito sin la influencia de Blanca Lema, creativa, visionaria, fluida y pionera. Ojala estás líneas puedan llegarle vaya saber por cual camino y mi agradecimiento cobrará forma. Mientras tanto andará dando vueltas por ahí… sin concretarse, sin diluirse… solo esperando.

Los cambios en comunicación están girando bruscamente de convencimiento a seducción, de la explicación a la propia “decodificación” de los mensajes donde es el receptor quien lo cierra otorgándole su propio significado. El significado que coincide con sus ideales, con sus percepciones y con sus imaginarios.

Hay muchas armas para “escapar” de la producción de mensajes explícitos, racionales y cerrados. Ver los elementos desde otra definición.

Compartiremos una: el lenguaje ideográfico.

El aprendizaje de transferencia a un lenguaje ideográfico nos permite obtener imágenes mentales con posibilidades más amplias y productivas que nuestro diccionario occidental.

Recuerdo un ejemplo de Blanca. Cuando decimos taza no podemos ver otra cosa que….¡una taza! ¿No hay escapatoria? Pues bien….buscando definir taza con un lenguaje ideográfico podemos definirlo como: “del vacío su contenedor”. De esta manera abrimos la definición. Así una taza puede ser, por ejemplo, las manos de un niño tomando agua en el patio de la escuela.

Otros lenguajes ideográficos:
Para hablar de un pez. “El surco que no deja rastro” o “llora y no se nota”. “Es…hasta el anzuelo”

Para hablar de la televisión: “De la realidad su envase”.

Para hablar de una puerta: “La máscara de lo que vendrá”.

La potencia que aporta el lenguaje ideográfico se hizo evidente ¿verdad? Esa potencia también nos muestra la debilidad de una comunicación racional y arquetípica.

Para una puerta ¿es lo mismo decir? : “elemento que divide un ambiente de otro y permite entrar y salir” o “La máscara de lo que vendrá”.

La posibilidad de asignar nuevos significados y ampliar horizontes es una de las cualidades más potentes que nos puede otorgar el lenguaje ideográfico. Cuando una palabra se encuentra muy gastada por su repetida utilización, el lenguaje ideográfico es una buena herramienta para “limpiarla” y “simplificarla/complejizarla”.

Mediante el lenguaje ideográfico no se necesita explicar. Las explicaciones están demás. Provocan una huella emotiva al escucharlo. Provocan una “imagen”. No son palabras cerradas, son imágenes abiertas….abiertas ¡a despertar sentimientos y emociones!

* Prof. Germán Castaños. Creativo. Consultor en creatividad. www.ideavip.com.ar.
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