Invertir en Argentina no es una tarea fácil. Pero los ahorristas no sólo tienen problemas en este país. En muchos otros lugares también hay que enfrentar obstáculos. Sepa los puntos en común que tenemos con estos dos extraños países.

Existen 194 países en el mundo según las Naciones Unidas. Otras organizaciones no están tan de acuerdo con este número, suman algunos más o algunos menos, pero lo concreto es que esta lista cambia todos los años. Nuevos países surgen fruto de divisiones, guerras o acuerdos internacionales, pero muy pocos desaparecen.

Kiribatí es uno de esos extraños países que corren el riesgo de desaparecer. Como consignó la agencia EFE, el presidente de este país ya está pidiendo ayuda internacional para su población:

“El presidente de Kiribati, Anote Tong, ha pedido a la comunidad internacional que lo ayude a reubicar a sus ciudadanos ante la amenaza de desaparición de esta nación del Pacífico Sur debido al aumento del nivel del mar. Tong ha señalado que comunidades enteras ya han sido desplazadas y que muchas cosechas se han perdido por la subida del nivel del mar, causada por los efectos del cambio climático. Kiribati es un archipiélago de 33 atolones situado en el Pacífico Sur que cuenta con una población de más de 110.000 personas cuya principal actividad económica se concentra en el sector servicios y en la pesca.”

Estoy seguro que la mayor parte de nuestros lectores no tenía idea, antes de leer este apartado,  dónde estaba ubicado el pequeño país llamado Kiribati que recién fue reconocido por la ONU en 1999. Le confieso que yo tampoco sabía dónde quedaba antes de comenzar esta investigación.

Pero sí había escuchado hablar de Burundi. Lo identificaba rápidamente como uno de los países más pobres del mundo y afectados por una terrible epidemia de VIH. Hoy es un país que trata de recuperarse de los efectos de la guerra civil que enfrentó a Hutus y Tutsis, entre 1993 y 2005, en un conflicto que dejó 300.000 muertos según las cifras de la ONU. Otro cable de la agencia EFE relata la dificultad de este desafío:

“‘El Consejo de Seguridad exhorta al Gobierno de Burundi a que adopte todas las medidas necesarias para evitar nuevas violaciones de los derechos humanos y a que adopte medidas para que los responsables de dichas violaciones sean llevados ante la justicia prontamente’, asegura una resolución aprobada por sus 15 miembros.
“El máximo órgano de decisión de la ONU denunció así ´’a persistencia de las violaciones de los derechos humanos, en particular de ejecuciones extrajudiciales y casos de tortura por motivos políticos, y de las restricciones a las libertades civiles.’
“Lamentó específicamente que esas restricciones se lleven a cabo mediante el acoso, la intimidación y las restricciones a la libertad de expresión, asociación y reunión de los partidos de la oposición, los medios de difusión y las organizaciones de la sociedad civil.”
Seguramente se preguntará, ¿qué tienen en común estos dos extraños países con Argentina? ¿Qué nos unen a nosotros, los inversores argentinos, con los que pueden llegar a haber en países como Burundi o Kiribati?

La primera respuesta que nos surge es que no nos une nada. Intentando no caer en la clásica y criticada “arrogancia” argentina, nuestro país se posiciona como uno mucho más desarrollado. Si tomamos parámetros culturales, sociales o deportivos tenemos pruebas evidentes de nuestro mayor desarrollo.

Sólo cito algunos ejemplos: nuestros tenistas, futbolistas, basquetbolistas o polistas están entre los mejores del mundo. Nuestra literatura, música y artes están a la vanguardia mundial. Nuestra educación produjo 5 premios Nobel en variadas disciplinas y muchos hechos más colocan a la Argentina como un país más desarrollado que Burundi o Kiribati.

Pero como inversores, más allá de estar contentos de vivir en un país con las características culturales mencionadas, lo que nos interesa es lo que pasa en la economía. Y cuando entramos en esta área, increíblemente, comienzan a surgir las cosas que tenemos en común con estos países.

No estamos hablando de los tamaños de las economías ni de sus capacidades de producción. Argentina es la  27º economía más grande del mundo, medida por su PBI, que llega a los US$ 306.747 millones, resultando en un PBI per cápita nominal de US$ 7.643.

Ni Burundi ni Kiribati pueden competir en este aspecto, ni figuran en los rankings mundiales de medición del producto, dada su economía poco desarrollada.

Pero sí están al nivel de Argentina cuando se trata de medir el índice de libertad económica de cada uno de los países. Burundi está inclusive mejor que nosotros en el ranking que elabora todos los años la Heritage Foundation de Estados Unidos junto al prestigioso Wall Street Journal.

¿Qué significa la libertad económica de un país? Según la define la propia fundación:

“La libertad económica es el derecho fundamental de todo humano de controlar su trabajo y propiedad. En una sociedad libre económicamente, los individuos son libres de trabajar, producir, consumir e invertir de cualquier manera que quieran, con esa libertad siendo protegida por el Estado y sin restricciones por parte del mismo Estado. En este tipo de sociedades el gobierno permite que el trabajo, el capital y los bienes se muevan libremente, y se abstienen de la coerción o restricción de la libertad más allá de la medida de lo necesario para proteger y mantener la propia libertad.”  
¿Cómo medimos el grado de libertad económica?

El estudio se focaliza en la medición de diez componentes de la libertad económica, asignando un grado a cada uno usando una escala que va de 0 a 100, con 100 representando la máxima libertad. Estos diez componentes se agrupan en las siguientes cuatro categorías:

Imperio de la ley (derecho de propiedad, nivel de corrupción)
Gobierno limitado (libertad fiscal, gasto del gobierno)
Eficiencia regulatoria (libertad de negocios, libertad de trabajo, libertad monetaria)
Apertura de mercados (libertad de comercio, libertad financiera, libertad de inversión)

El ranking final proviene del promedio de las notas de estas cuatro áreas.

El último estudio publicado dejó a la Argentina en el puesto número 158, entre 179 países medidos. Nuestros amigos de Burundi quedaron en el puesto 157 y nuestros más lejanos amigos de Kiribati quedaron un poco peor que nosotros, 159…

Y lo peor es que este ranking no tomó en cuenta las últimas medidas del Gobierno argentino de limitar fuertemente la compra de dólares y las importaciones. El año que viene, en el caso de profundizarse esta tendencia, es de esperar que sigamos retrocediendo en este ranking. El último año retrocedimos veinte lugares, de hacer lo mismo este año ya quedaríamos al final de la lista junto a países como Venezuela, Libia o Cuba.

Las dos peores notas que recibió nuestro país estuvieron dadas en dos rubros muy sensibles para nosotros como inversores: derechos de propiedad y libertad financiera. La primera medida estuvo calificada como 20 en una escala de 100 y la segunda en 30. La manipulación del índice de inflación estuvo entre uno de los factores que castigó a la medida de derecho de propiedad. Y el control del sistema financiero y el muy bajo desarrollo del mercado de capitales estuvieron castigando el segundo factor.

Lindo ambiente para invertir nuestros ahorros, ¿no?

Lo doblemente grave de esta situación es que esta poca libertad económica golpea mucho más a un país como Argentina que a uno como Burundi o Kiribati. ¿Por qué?

Argentina es un gran productor de bienes y servicios. De nuevo, estamos entre las 30 economías más grandes del mundo. Esto implica que gran parte de la población tiene la posibilidad de generar ahorros. Tiene propiedades y tiene inversiones, en definitiva: tiene activos que proteger.

En cambio, ¡en países tan pobres como Burundi o Kirabati no hay casi nada que proteger! Lamentablemente la población es mucho más pobre y no tienen la posibilidad que tienen los argentinos de acumular riqueza.

Conclusión: No lo dude. Argentina es el país más difícil del mundo para invertir sus ahorros. Tenemos esa rara combinación de ser un país con la capacidad de generar mucha riqueza, pero por otro lado, con la capacidad de llevar adelante una economía altamente inestable y volátil. Y, como refleja el estudio, con poca libertad económica y respeto por la ley: dos atributos que todos los inversores del mundo buscan a la hora de invertir sus ahorros.

Lo importante es que como inversores argentinos tomemos especial nota de esta situación. Y tengamos muchísimo cuidado cuando invertimos nuestro dinero. Vamos a tener por delante un desafío muy complicado.

fuente: Inversor Global

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